I.
(Te quise)

Te quise.
Y aparece pura la palabra cual pájaro feliz
ungido de aire.
Porque este te quise aún no ha fenecido. Queda aún
su radiante cualidad, su brillo inacabado
deslizándose una y otra vez por las manos expectantes.
Yo te quise.
Y no se está muerto. Resbálase
toda la carne, como temblorosa
como los ojos tranquilos o profundos y un nudo en la garganta.
Porque esta mujer puede ahondarse
en las mecidas de un viento cualquiera
y puede venir. Puede venir.
Y este hombre deshecho en este sillón, repite
la misma palabra: ¡Ah, cuantísimo te quise!. Deleitándose,
indaga aquella circunstancia por la que ella se fue.
¿Adónde iría?. ¿Vivimos?. Y dice vivimos
hilvanando pocas vidas, inmersas
ella y él, desde luego.
Lo que supone un amor profanado por el siglo
cierto de tanto herir. ¡Ah, el amor separado
que un te quise no puede articular!. Ha perdido los perfiles de su cara
está casi muerto o tirado en el vivo día
y solo, pero deliciosamente, puede decir
te quise.

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