II.
(El brillo de tus brazos)

Tu estancia fue luz. La noche
intermedia. Hoy
cansado ya el sol de su tanta confortable alegría
vuelvo a traerte a mi presencia. Nueva,
vibrante como un lago
entre dos pechos que acaban de perder una piedra
por la mano de un niño,
amante de la onda.


© CAYETANO SALVATIERRA


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