III

Te doy tenaz, certera y, sobre todo,
fuertemente (el tendón de la esperanza)
en tu pasión lanzada hacia nosotros
con el mármol capaz de mi palabra.

Una voz tan ardiente como honda
se derramó feliz a noche abierta.
Una categoría abrumadora
olvidó sin antídoto su huella.

Perseguiré la lucha de extraerte
-sístole a sístole- átomo tras átomo.
Con tu pasión te afirmo que he de verte
siempre entera, desnuda, como un campo.

Como su aire, exijo el de los árboles
de la extensión compacta de tu instinto.
He de expandir al límite de nadie,
henchidos, los pañoles de mi río.

Hasta siempre, la atmósfera sin hiedras
de tu médula que arde por sí misma,
de tus manos, que queman bajo niebla,
de tu vientre que enciende, que ilumina

para enfocar por ella mi arriada,
para enfocar por ella mi destino.
Para sentir mi ansia acompañada
palmo a palmo y sin tregua en el exilio.

No moriré conmigo dentro ya.
Ni dormirás conmigo. Será un viaje
alto, profundo y duro para amar.
Vayamos. Nos esperan por delante.

Por nosotros, te pido que resistas,
que mañana, lo juro, triunfaremos.
Porque ahora tengo a Dios en las costillas
y sé que así se puede. O porque creo.


© CAYETANO SALVATIERRA


- 25 -

VOLVER _______________ SUBIR _______________ AVANZAR

IR A INICIO