Anoche vino ella,
rabiosa,
azul, color de noche,
roja, color de vino,
la tempestad
trajo
su cabellera de agua,
ojos de frío fuego,
anoche quiso
dormir sobre la tierra.
Llegó de pronto
quería dormir
y preparó su cama,
barrió selvas, caminos,
barrió montes,
lavó piedras de océano,
y entonces
como si fueran plumas
removió los pinares
para hacerse su cama.
Sacó relámpagos
de su saco de fuego,
dejó caer los truenos
como grandes barriles,
y cuando ya creíamos
que terminaba el mundo,
entonces,
lluvia, lluvia,
sólo lluvia.
Con tus dedos
de música,
con tu fragor de invierno,
con tu fuego
de volcanes nocturnos.

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