Diste fuerza a los ríos,
enseñaste a ser hombres
a los hombres,
y, cuando ibas a destruirnos,
cuando como cuchilla
bajaba del cielo la furia,
cuando temblaba
toda la luz y la sombra
junto al mar en tinieblas,
tú, delicada tempestad,
novia mía,
furiosa,
no nos hiciste daño:
regresaste a tu estrella
y la lluvia,
lluvia verde,
lluvia llena de sueños,
reparadora,
lluvia de cosechas,
lluvia que lava el mundo,
lo enjuga y lo recrea,
lluvia para nosotros
y para las semillas,
lluvia para el olvido
de los muertos
y para nuestro pan de mañana,
eso sólo dejaste,
agua y música,
por eso,
tempestad,
te quiero,
cuenta conmigo,
vuelve,
despiértame, ilumíname,
muéstrame tu camino,
para que a ti se junte
y cante con tu canto
la decidida voz
tempestuosa
de un humano.


© CAYETANO SALVATIERRA
(Marzo, 1991)


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