III.

no toco más la estrella
de tus remotos labios,
donde mi nombre nace
en la luz de tus ojos,

no miro más la sombra
de tu pureza helada,
donde se sueña el alma
tu voz trajinadora,

no escucho más los besos
de un corazón ajeno,
donde se hunde la llave
de tu frente dorada,

no huelo más jardines
de enredadoras sienes,
donde se abren las rosas
del íntimo recuerdo,

no saboreo más versos
escritos en tus manos,
donde cruzó mi vida
un sentimiento eterno,

no olvido más memoria
que las palabras tuyas,
donde brilló la estrella
que iluminó mis ojos.


© CAYETANO SALVATIERRA


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