- "Si yo veo una tía que está muy bien, y que además se ha vestido para estar atractiva, pues me entran ganas de irme con ella, porque eso es lo que siento, porque se ha cuidao para gustar, y me gusta, y porque la novedad es muy importante, porque con una tía que no sea tu mujer lo harías dos o tres veces seguidas, y en cambio con tu mujer no te empalmas, a no ser por algo, y como a mi mujer la estoy viendo todos los días y además no se preocupa de vestirse bien, pues la que me atrae es la otra, Sebastián, porque ya te he dicho, y eso es así, que el matrimonio mata el amor".

- "Pero si pudiera casarme otra vez, no me casaría, porque la libertad de un hombre soltero, con un apartamento, eso es lo más bonito y lo mejor que hay, aunque yo ya te digo, como estoy, estoy bien, porque ahora tengo un hogar formado, un hijo, que creo que con nosotros es como mejor puede estar, y mi mujer que, físicamente, me gusta, y que aunque las cosas sean así, nos queremos, y ya que son así, hay que entender la vida y darse cuenta que ahora sería peor separarnos, y quedarse uno de los dos sin el niño, y tener que ir a verlo dos días a la semana, y que no, que todo eso sería mucho peor, y no es que sea un burgués, tú déjame a mí, que más sabe el tonto en su casa que el listo en la ajena".

Sebastián fue a la cocina a desayunar. Desde la ventana lo vio todo nublado. Es más, llovía a cántaros. "¡Qué mala manera de empezar el día!", pensó.
 


© CAYETANO SALVATIERRA


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